Por qué el feminismo alarga la vida de los hombres: el país "modelo" donde viven casi cuatro años más
Miércoles 18 de
Septiembre 2019
"La igualdad de género no es sólo buena para las mujeres. También salva las vidas de los varones": esa fue la conclusión de Liz Plank luego de estudiar por qué Islandia, que desde hace más de una década es el país número uno en equidad de género, tiene la tasa más alta de expectativa de vida para hombres de Europa.
La diferencia les da 3,8 años de ventaja a los varones islandeses sobre todos los demás.
La periodista y autora de For the Love of Men: A Vision for Mindful Masculinity (Por amor a los hombres: perspectivas para una masculinidad consciente) viajó a Islandia en 2018 para estudiar las razones que permiten que en ese país los hombres vivían casi tanto como las mujeres, a diferencia de lo que sucede en el mundo en general.
Si la cantidad de años que un ser humano pasa en la Tierra habla de las condiciones sociales de su bienestar, parece que en la sociedad menos patriarcal del planeta, contra lo que supondría el sentido común machista, los varones están mucho mejor que las que ven al feminismo como una amenaza para ellos, explicó Plank en The Washington Post.
No hay nada mágico en el aire o el agua de Reikiavik. "Islandia ofrece un modelo que se podría adoptar ampliamente en todas partes del mundo Ayuda a comprender que cambiar las ideas de los hombres sobre qué significa ser un hombre, y elevar a las mujeres en el proceso, no empeora la situación de los hombres: tiene beneficios trascendentales para sus vidas", sintetizó.
Los que creen que la desigualdad es una ficción suelen sostener que, como los hombres mueren antes que las mujeres, "el feminismo es algo injustificado porque las mujeres ya viven vidas más plenas (o al menos, más largas)", señaló. Pero los datos —no sólo en Islandia: también en otras sociedades, como las escandinavas, más equitativas— contradicen ese argumento, uno de los más repetidos. "El feminismo es el antídoto para una expectativa de vida masculina más corta".
Más allá de la mayor resistencia del cuerpo femenino, un elemento determinante de la diferencia en la expectativa de vida es lo que se llaman "enfermedades creadas por el hombre". Son cuestiones culturales, que hacen que —por ejemplo— haya más varones que mujeres entre los fumadores y los que abusan del alcohol. Sufren también más accidentes: por ejemplo, el 80% de los que se ahogan son hombres, que sobreestiman sus habilidades como nadadores y tienden menos a usar salvavidas que las mujeres.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ese factor, la voluntad de tomar riesgos innecesarios, derivada de "normas masculinas de riesgo y aventura", es una de las razones principales por las cuales la expectativa de vida de los hombres es inferior a la de las mujeres. Otra es su incomodidad ante los médicos: "Tienden menos a visitar un médico si están enfermos y, cuando lo hacen, tienden menos a informar síntomas de enfermedades". La consecuencia es menos prevención y más problemas avanzados. Un tercer factor incide más parejamente desde que la mujer ingresó al campo laboral: en el trabajo quedan "expuestos a peligros físicos y químicos".
Las demandas culturales sobre los varones son tan perjudiciales como profundas. Plank citó un estudio sobre varones que ganaban menos que sus esposas. Se esperaba que aquellos que fumaban y bebían en exceso tuvieran peor salud que los otros. Sin embargo, se halló que los dos grupos manifestaban niveles muy similares de hipertensión, enfermedad coronaria, diabetes y colesterol alto. La ansiedad resultó ser el factor que compartían: todos habían perdido "el único sentido de conexión con su identidad como sostén familiar".
Violar el código de masculinidad idealizada puede causar niveles de estrés tan altos que afectan la salud en general. "Si los activistas de los derechos de los hombres realmente quieren mejorar las vidas de los hombres, harían mejor en unirse a las feministas para desmantelar los ideales obsoletos de masculinidad", razonó Plank.
La resistencia de los varones a cuidar su salud es un tema grave, en términos estadísticos, por las consecuencias que tiene. En el caso de la salud mental es desgarrador: un varón no se debe deprimir, según el código machista, pero puede ser violento. El resultado son estadísticas desiguales de suicidio, dominadas por las víctimas masculinas a razón de cuatro por cada mujer.
La autora, estadounidense, señaló algo específico de su sociedad: "Para demasiados hombres que sufren problemas de salud mental en los Estados Unidos es más fácil comprar un arma que buscar terapia".
En el caso de los adolescentes el problema se agudiza: entre 2012 y 2014, las muertes por armas de fuego entre menores de 18 años fueron de varones en un 82%, en buena parte por suicidio. Una investigación de Daniel Coleman, de la Universidad de Fordham, descubrió que los varones que se identifican con creencias rígidas sobre masculinidad —"los hombres deben se proveedores a cualquier costo, ser invulnerables o autosuficientes"— tendían más a la depresión y los pensamientos suicidas.
"Coleman concluyó que idealizar la 'masculinidad tradicional' es un 'factor de riesgo' en especial para los hombres que no pueden cumplir con ese ideal por circunstancias de la vida", citó Plank. "Una comprensión más flexible de la masculinidad no impediría que los varones sufrieran el desempleo, pero podría ayudarlos a sobrellevarlo mejor", dio como ejemplo. "Tendrían un conjunto de papeles más amplio a los cuales recurrir, como cuidar de otros o contribuir a sus familias más allá de la mira estrecha de los aportes materiales o financieros".
En la realidad cotidiana, hace tiempo ya que las mujeres trabajan y se educan, y por esos medios disminuyen las responsabilidades financieras que pesaban sobre los hombros de los varones, recordó. Y allí donde ese cambio se acompaña de un cambio en las ideas los resultados son, como en Islandia, positivos. Al punto de sumar casi cuatro años a la vida de los varones.
"Según las investigaciones del sociólogo noruego Oystein Gullvag Holter, experto en estudios de masculinidad, existe una correlación directa entre el estado de la igualdad de género en un país y el bienestar masculino, según indicadores como la felicidad, la salud mental, la fertilidad y el suicidio", cerró el artículo del Post. "Los hombres (y las mujeres) en países con mayor equidad de género tienden a sufrir menos divorcio, depresión y muerte como resultado de la violencia".
La periodista y autora de For the Love of Men: A Vision for Mindful Masculinity (Por amor a los hombres: perspectivas para una masculinidad consciente) viajó a Islandia en 2018 para estudiar las razones que permiten que en ese país los hombres vivían casi tanto como las mujeres, a diferencia de lo que sucede en el mundo en general.
Si la cantidad de años que un ser humano pasa en la Tierra habla de las condiciones sociales de su bienestar, parece que en la sociedad menos patriarcal del planeta, contra lo que supondría el sentido común machista, los varones están mucho mejor que las que ven al feminismo como una amenaza para ellos, explicó Plank en The Washington Post.
No hay nada mágico en el aire o el agua de Reikiavik. "Islandia ofrece un modelo que se podría adoptar ampliamente en todas partes del mundo Ayuda a comprender que cambiar las ideas de los hombres sobre qué significa ser un hombre, y elevar a las mujeres en el proceso, no empeora la situación de los hombres: tiene beneficios trascendentales para sus vidas", sintetizó.
Los que creen que la desigualdad es una ficción suelen sostener que, como los hombres mueren antes que las mujeres, "el feminismo es algo injustificado porque las mujeres ya viven vidas más plenas (o al menos, más largas)", señaló. Pero los datos —no sólo en Islandia: también en otras sociedades, como las escandinavas, más equitativas— contradicen ese argumento, uno de los más repetidos. "El feminismo es el antídoto para una expectativa de vida masculina más corta".
Más allá de la mayor resistencia del cuerpo femenino, un elemento determinante de la diferencia en la expectativa de vida es lo que se llaman "enfermedades creadas por el hombre". Son cuestiones culturales, que hacen que —por ejemplo— haya más varones que mujeres entre los fumadores y los que abusan del alcohol. Sufren también más accidentes: por ejemplo, el 80% de los que se ahogan son hombres, que sobreestiman sus habilidades como nadadores y tienden menos a usar salvavidas que las mujeres.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ese factor, la voluntad de tomar riesgos innecesarios, derivada de "normas masculinas de riesgo y aventura", es una de las razones principales por las cuales la expectativa de vida de los hombres es inferior a la de las mujeres. Otra es su incomodidad ante los médicos: "Tienden menos a visitar un médico si están enfermos y, cuando lo hacen, tienden menos a informar síntomas de enfermedades". La consecuencia es menos prevención y más problemas avanzados. Un tercer factor incide más parejamente desde que la mujer ingresó al campo laboral: en el trabajo quedan "expuestos a peligros físicos y químicos".
Las demandas culturales sobre los varones son tan perjudiciales como profundas. Plank citó un estudio sobre varones que ganaban menos que sus esposas. Se esperaba que aquellos que fumaban y bebían en exceso tuvieran peor salud que los otros. Sin embargo, se halló que los dos grupos manifestaban niveles muy similares de hipertensión, enfermedad coronaria, diabetes y colesterol alto. La ansiedad resultó ser el factor que compartían: todos habían perdido "el único sentido de conexión con su identidad como sostén familiar".
Violar el código de masculinidad idealizada puede causar niveles de estrés tan altos que afectan la salud en general. "Si los activistas de los derechos de los hombres realmente quieren mejorar las vidas de los hombres, harían mejor en unirse a las feministas para desmantelar los ideales obsoletos de masculinidad", razonó Plank.
La resistencia de los varones a cuidar su salud es un tema grave, en términos estadísticos, por las consecuencias que tiene. En el caso de la salud mental es desgarrador: un varón no se debe deprimir, según el código machista, pero puede ser violento. El resultado son estadísticas desiguales de suicidio, dominadas por las víctimas masculinas a razón de cuatro por cada mujer.
La autora, estadounidense, señaló algo específico de su sociedad: "Para demasiados hombres que sufren problemas de salud mental en los Estados Unidos es más fácil comprar un arma que buscar terapia".
En el caso de los adolescentes el problema se agudiza: entre 2012 y 2014, las muertes por armas de fuego entre menores de 18 años fueron de varones en un 82%, en buena parte por suicidio. Una investigación de Daniel Coleman, de la Universidad de Fordham, descubrió que los varones que se identifican con creencias rígidas sobre masculinidad —"los hombres deben se proveedores a cualquier costo, ser invulnerables o autosuficientes"— tendían más a la depresión y los pensamientos suicidas.
"Coleman concluyó que idealizar la 'masculinidad tradicional' es un 'factor de riesgo' en especial para los hombres que no pueden cumplir con ese ideal por circunstancias de la vida", citó Plank. "Una comprensión más flexible de la masculinidad no impediría que los varones sufrieran el desempleo, pero podría ayudarlos a sobrellevarlo mejor", dio como ejemplo. "Tendrían un conjunto de papeles más amplio a los cuales recurrir, como cuidar de otros o contribuir a sus familias más allá de la mira estrecha de los aportes materiales o financieros".
En la realidad cotidiana, hace tiempo ya que las mujeres trabajan y se educan, y por esos medios disminuyen las responsabilidades financieras que pesaban sobre los hombros de los varones, recordó. Y allí donde ese cambio se acompaña de un cambio en las ideas los resultados son, como en Islandia, positivos. Al punto de sumar casi cuatro años a la vida de los varones.
"Según las investigaciones del sociólogo noruego Oystein Gullvag Holter, experto en estudios de masculinidad, existe una correlación directa entre el estado de la igualdad de género en un país y el bienestar masculino, según indicadores como la felicidad, la salud mental, la fertilidad y el suicidio", cerró el artículo del Post. "Los hombres (y las mujeres) en países con mayor equidad de género tienden a sufrir menos divorcio, depresión y muerte como resultado de la violencia".
Con información de
Infobae
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